Creo que estas observaciones seguirán siendo válidas por algunos años todavía - porque vale la pena estar atento a cualquier señal de las izquierdas latinoamericanas - por mínima que sea - de iniciar una defensa solidaria de los DDHH en Cuba. El atrazo es notorio, mas aún que Yoani Sánchez, nos describe, minuciosa, su realidad. Ahora, en la crisis cubana de DDHH, la Iglesia asume el rol mediador. Por la izquierda: silencio, aún. (03/06/20101)
A Yoani Sánchez
19/05/2010. Me impresiona el inmovilismo ideológico observable en las izquierdas latinoamericanas por el caso de los prisioneros políticos en Cuba. Es una falta de solidaridad que, por efecto perverso, refuerza probablemente la arbitrariedad del régimen para desgracia de la disidencia bajo un gobierno que en cincuenta años transitó de revolucionario a totalitario.
La intransigencia del régimen cubano encuentra así una hermana en la indiferencia que aprisiona el alma de unas izquierdas continentales que comparten la cultura de los DDHH salvo cuando se trata de Cuba y a pesar de la información proporcionada por HRW que constata la inexistencia de la libertad de expresión en el país. HRW constata también una práctica sistemática de transgresiones cotidianas a los DDHH que resulta de un estilo represivo que privilegia el encarcelamiento de disidentes para desconectarlos y aislarlos fisicamente de sus potenciales audiencias.
La izquierda latinoamericana replica a la izquierda europea de los años cincuenta del siglo XX que no quería saber de la represión y de los crímenes políticos en Rusia. La perspectiva antifascista de posguerra encubría el archipiélago de campos de prisioneros y de arbitrariedades del Estado comunista. Hasta que el extraordinario testimonio de Solzhenitsin terminó con toda aquella niebla que escondía crímenes de lesa humanidad.
Hoy la perspectiva de pos-guerra fría ¿No aclara aún su niebla para que las izquierdas puedan ver más allá de sus ideologías y reaccionen por fin a las arbitrariedades en curso del gobierno de Raúl Castro? Es hora de reaccionar, porque mientras tanto esa realidad se escurre fuera de la isla hacia el mundo por los poros de la blogosfera donde el testimonio de Yoani Sánchez hace imposible eludirla.
En la era de las comunicaciones digitales y de Twitter es imposible ignorar esas injusticias en Cuba y nada justifica la indolencia continental actual que no sea déficits libertarios y humanitarios propios.
En febrero - el Partido Socialista de Chile había intentado marcar un primer hito crítico. Pero su declaración pasó luego casi inadvertida en medio del terremoto que impactó al país. Ahora, tras la muerte en febrero de Orlando Tamayo, el tiempo corre más rápido para los presos políticos de la revolución, únicos disidentes de opinión en prisión en América Latina: por sólo osar criticar a Fidel Castro o a la revolución llevan años de prisión. Sobreviven en condiciones inhumanas. Su sufrimiento debiera agitar el espíritu de los DDHH en América Latina.

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